Grandes de la educación – Alexander Sutherland Neill

Alexander Sutherland Neill

Nació en Forfar, Escocia, en 1883. Hijo de un maestro de primaria rural, de carácter tímido y poco aficionado a los libros, quien adoraba trabajar con las manos. Estudió en la Universidad de Edimburgo y obtuvo su licenciatura en 1912. Trabajo como maestro en el sistema público, pero pronto surgió su descontento con la educación tradicional. Ante lo cual, este educador escocés defendía el fin de la jerarquía y la rigidez, como medio de formar individuos libres y creativos. El contexto en que se desarrolló su pensamiento se sitúa después de la Primer Guerra Mundial, en donde doctrinas totalitarias como el fascismo, el nazismo y el comunismo provocaron que diversos pensadores clamaran por la libertad de pensamiento y de acción.

Hombre práctico y poco afecto a las teorías, desarrollo sus ideas pedagógicas basándose en el filósofo humanista Jean Jaques Rousseau (1712-1778) quien creía e la bondad innata del hombre. Así como los estudios de psicoanalistas como Sigmund Freud (1856-1939) y Wilhelm Reich (1897-1957), lo llevaron a delinear su sistema educativo.

Para Neill, la educación debía trabajar básicamente con la dimensión emocional del alumno, para que la sensibilidad sobrepasara siempre la racionalidad. Él creía que la racionalidad con los padres, con su natural sobreprotección, impedía que los hijos desarrollaran la seguridad suficiente para reconocer el mundo, y sea de forma intelectual, emocional o artística. Por eso, los alumnos de la escuela Summerhill, de la cual fue fundador, tenían que permanecer allí y recibían la visita de sus padres de forma esporádica. Una frase resume esto “los creadores aprenden lo que desean aprender. No sabemos cuanta libertad de creación matan las salas de clase”.

Esta escuela se convirtió en icono de las pedagogías alternativas al concretar un sistema educativo en el que lo importante es que el niño tenga libertad de elegir y decidir qué aprender, y con esa base, desarrollarse a su propio ritmo.

Este autor mencionaba que su método fuese utilizado como remedio para la infelicidad causada por la represión y por el sistema de modelo de impuestos por la sociedad de consumo, por la familia y por la educación tradicional. Para él trabajar con alegría y vivir positivamente representaba el éxito.

Su célebre frase ejemplifica lo anterior “Preferiría ver que una escuela produce un barrendero feliz, antes que un erudito neurótico”. Para este autor, los niños eran naturalmente sensatos, realistas, buenos y creativos. Y si eran educados sin interferencias de los mayores podrían desarrollarse de acuerdo con su capacidad, sus límites y sus intereses sin ningún tipo de trauma. Toda y cualquier interferencia por parte de los descubrimientos y la autoconfianza necesaria para la superación de obstáculos, y causaban sentimientos de inferioridad y dependencia, dos fuertes barreras para la felicidad completa.

Para Neill, su método es un remedio contra la infelicidad, causada por la represión y la sociedad del consumo, por la familia y por la educación tradicional. Por lo que su sistema se fundamenta en 10 principios básicos:

  1. Fe sólida en la bondad del niño, debido a que el niño nace bueno, y la sociedad lo corrompe.
  2. El fin de la educación es trabajar con alegría y hallar la felicidad interesándose en la vida, motivándose a hacer las cosas que uno eligió hacer.
  3. En la educación no basta el desarrollo intelectual, sino que debemos desarrollar nuestra parte afectiva, ya que esta influye en todo cuanto hacemos o queremos hacer.
  4. La educación debe ir en concordancia con las necesidades psíquicas y capacidades del niño, puesto que si deseamos ser alguien, debemos tener un perfil y debemos ser capaces de aceptar que podemos o no podemos serlo.
  5. La disciplina dogmáticamente impuesta produce temor lo que genera hostilidad, haciendo que se paralice el esfuerzo y el sentimiento deja de ser auténtico, por tanto, querer enseñar algo por obligación resulta perjudicial para el equilibrio emocional del niño.
  6. La Libertad no significa Libertinaje, ya que se trata de inculcar un respeto mutuo, haciendo que los niños sean libres por naturaleza, pero tengan consideración por sus pares.
  7. Sinceridad del Maestro, no engañando al niño, ya que si se es honesto, se logra una mayor credibilidad y confianza.
  8. Romper lazos con Padre y Madre haciendo que los niños logren independencia frente al mundo que los rodea y comprendan que la seguridad no se halla a través de la sumisión o el dominio.
  9. Los sentimientos de culpabilidad son obstáculos para la independencia, ya que al demostrar inconformidad y generar rebeldía, atraemos sentimientos de arrepentimiento y culpa, los que conlleva a la sumisión y otra vez a la rebeldía. La culpa como lo ve la mayoría de la sociedad, no es una reacción ante la voz de la conciencia, sino que al saberse desobediente a la autoridad y el miedo a represalias.
  10. Ausencia de enseñanza religiosa. En este punto se quiere decir, que lo que realmente importa no es cual religión tiene la razón, sino que, lo que importa es creer en la libertad humana y alabar a Dios por hacer feliz al hombre.

Summerhill sobrevive hasta el día de hoy, los alumnos asisten a las clases que quieren, y pueden demorar días, semanas o meses en interesarse por un contenido. Los exámenes, test o premios son rechazados, pues se considera que desvían el desarrollo de la personalidad al establecer modelos a seguir.

Para este autor quien lo más importante es el individuo y su bienestar, dejo su legado en manos de su hija, quien continúa con el proyecto de uno de los grandes pedagogos del siglo XX.

Alexander muere en Aldeburgh, en 1973.

Obras:

Novelas y cuentos para niños

Bibliografía
http://www.ibe.unesco.org/sites/default/files/neills.PDF
https://www.biografiasyvidas.com/biografia/n/neill.htm

Post facilitado por Delia Martínez, miembro de la Asociación

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *